NAINFITA PEINES Y LA INQUISIDORA ESTREÑIDA.
CAP.7. PATRI EN APUROS.
CAP.7. PATRI EN APUROS.
Tras la reunión, todos los Pervers regresaron a sus habitaciones. Muchos de ellos no podían disimular su cansancio, añadido a su aburrimiento cotidiano, con bostezos en clase de Herbología. Nainfita Peines no hacia mas que mirarles de reojo y lanzar miradas de odio a Doxycris y sobre todo a L@ur@88 tras haber sido ascendida a Perver Mayor. Se moría de ganas de saber lo ocurrido y se acercó a Lord_Chris cuando necesitaban pareja para transplantar y podar unas plantas de tallo ovoide de color marron y ramas triangulares azules pero Doxycris se interpuso en su camino y se puso al lado de Lord_Chris mostrándole la lengua.
-Te buscas la vida, guapa-le dijo Doxycris.
Nainfita Peines se dirigió a Maturana que era el unico que estaba solo:
-Ni lo sueñes, nena-le contestó.
Nainfita deseó mas que nunca, llena de rabia, que Chewa K o Dayana Uve estuvieran ahi y no hubieran faltado a clase por quedarse dormidas.
-Matu, no te preocupes guapo, ahora te echamos una mano-le dijo Doxycris.
-No te preocupes, princesa, que ya lo he hecho, es facilisimo.
-Exacto-exclamó la profesora Sprout-. Diez puntos para Hufflepuff. Maturana, es increible. ¿Como lo ha sabido hacer si ni siquiera me ha dado tiempo a explicarlo?
-Profesora, es que me encanta leer libros de Herbología-contestó sonrojado el chico.
-En ese caso, si explicas correctamente como se hace compartiendo tu saber a tus compañeros otorgaré 10 puntos más para Hufflepuff.
Maturana asi lo hizo y todos obedeciéndole, lograron hacerlo tan bien como él, por lo que la casa de los tejones ganó los puntos en juego.

***
Ajena a lo que sucedía en clase de Herbología, Patri acababa de despertarse y avanzaba en dirección a los jardines de Hogwarts con suma cautela de no cruzarse con ningun profesor o con Filch o la Señora Norris. Cuando ya estaba fuera escuchó el ruido de las puertas de un coche al cerrarse, y se ocultó para espiar:
-Hogwarts, bonito colegio-dijo Camelia Sangronia-.
Un elfo acudió a recoger las maletas.
-No es necesario que las coja, Androis, para algo estan los elfos-contestó ella cuando el chofer intentaba ayudarla.
El pobre elfo iba cargado con todas y caminaba a duras penas, ya que no podía soportar con el peso de todas, por lo que tropezó y cayó al suelo.
-Será idiota, estupido elfo!-gritó alarmada Camelia Sangronia-. Te hacen falta unos cuantos latigazos.
Patri se quedó con los brazos cruzados y al asustarse, pisó una rama del suelo, cuyo sonido captó la atención de Camelia.
-¿Quien anda hay? Sal de tu escondite, estupido elfo!
-No soy un elfo, soy una bruja-contestó Patri saliendo de su escondite, que había sido un arbol de tronco grueso.
Camelia cogió un latigo que le había dado el chofer y Patri gritó:
-Pero ¿qué hace? Está loca, no puede con tantas maletas él solo.
-¿Para qué sirven los elfos si no? Para obedecernos, estupidas criaturas-contestó Camelia mientras alzaba el latigo llena de furia-.
-Estese quieta, no sea asi de bruta. Bien podía ayudarle-gritó Patri.
El elfo estaba agazapado con los brazos sobre la cabeza y al no notar el dolor del latigo, dejó de protegerse y miró primero a Camelia con terror en sus ojos y despues a Patri, mientras una lágrima se le derraba por esos grandes ojos al preocuparse por él.
-¿Qué dices mocosa? Mas respeto me deberias tener a mi. No te metas en lo que no te incumbe.
-Si tanto le preocupan sus cosas, ¿por qué no coges tu misma tus maletas? Tampoco te iba a pasar nada malo.
-¿Cómo te atreves, infeliz?-exclamó Camelia Sangronia. Acto seguido se calló y volvió a replicar-. En ese caso, tu ayudarás al elfo.
-¿Perdone?-rió Patri-. ¿Me ha visto cara de criada? De buena gana hubiera ayudado a ese elfo, pero viendo lo desagradable y su falta de compasión, ni por asomo lo haría. Coja usted sus maletas, que para algo Dios le ha dado manos.
-Insolente-gritó Camelia Sangronia mientras sacaba de su tunica su varita. El chofer intentó impedirlo y agarrarle el brazo, pero la nueva profesora apuntó a Patri-. Ahora lo vas a hacer, maleducada, sinverguenza. Crucio.
Patri gimió de dolor y pedía auxilio, pero el elfo no hizo nada al igual que el chofer. Patri se resistía y no podía alcanzar su varita, el dolor era insoportable y apenas podia moverse. De repente se escuchó una voz, el sonido de una varita rodar por el suelo y la tortura cesó:
-Expelliarmus.
-Le ha dicho que no, ¿acaso no sabes lo que significa que te digan que NO?
-Delincuente insolente, ¿como te atreves a hablar asi a Camelia Sangronia, vicepresidenta del Ministerio de Magia, galardonada por la Orden de Merlin...
-Como si eres la reina de Saba-contestó el chico con burla-. ¿Estas bien?-preguntó a Patri mientras se acercaba a ayudarla y la levantaba del suelo.
-Estas castigado, insolente, y usted, niña malcriada tambien. Veo que las cosas en Hogwarts estan peor de lo que temía, tendré que dar parte a Cornelius de lo sucedido.
-Como si se lo dice al Papa-dijo el chico con sorna.
-¿Sus nombres?-preguntó Camelia mientras una pluma rosa flotando en el aire se acercaba a las hojas de un cuaderno y escribía la palabra Castigados con doble subrayado:
-Patricia-dijo mientras agradecía al chico su ayuda y su valiente gesto.
-¿Y usted?
-Franjo. ¿quiere que le firme un autografo?-contestó el chico mientras Patri le miraba admirada.
-¿Casa?
-Hufflepuff-dijeron Patri y Franjo al unísono.
-Lo veía venir, tejones, la casa de los estupidos, era comprensible-dijo Camelia Sangronia mientras cerraba el blog. Miró al chofer y le entregó el cuaderno-. Haga llegar esto a Dumbledore, ya tenemos a los dos primeros castigados.
-Esta bien, profesora Sangronia-contestó el chofer adelantandose, y mientras miraba a Patri y Franjo tornó la cabeza-. Y sobre su equipaje, ahora traeré mas elfos para que le ayuden.
Patri se quedó atonita, tenía el placer o mas bien la desgracía, de conocer en persona y la primera de todos los estudiantes de Hogwarts a Camelia Sangronia. Y curiosamente, ese primer encuentro no indicaba en absoluto un buen comienzo con la profesora. Patri se temía peores torturas que el crucio en lo que quedaba de curso.

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